Soy

Describir quien soy puede resultar pretencioso, pero hace mucho tiempo lo hacía refiriéndome a mi profesión. Periodista, sí, aún, a veces, utilizo ese sustantivo, pero no me define en totalidad. Me siento más plena si me defino como comunicadora, como un ser que anda en el camino espiritual intentando trasmitir la sabiduría que lleva implícita en su consciencia (soy un alma muy antigua) y la que le llega a través de sus guías.

Siempre estuvieron conmigo, y desde muy pequeña sentía, percibía cosas. Ahora sé que es porque soy un ser índigo, ya adulto y consciente, pero cuando niña solo sentía que era especial, y cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, respondía: diferente.

He tenido muchas idas y venidas. Dejé mi carrera profesional en dos ocasiones para reencontrarme con mi misión de vida. Dejarlo todo, la seguridad de un trabajo estable, la comodidad de una casa sin alquiler ni hipoteca, la cercanía de los amigos, la protección de la familia y la calidez de mi tierra de origen, Canarias, puede ser visto por muchos como un acto de locura.

Lo único que hacía, y hago en cada momento, es seguir a mi corazón. Esa es la sabiduría que me marca el camino, y el lema que me he impuesto: “Siéntete bien haciendo lo que hagas”. Lo que me hace sentir bien, más que bien, feliz, es mi vida actual.

Vivo en pleno bosque, en un bello rincón de la geografía de Bizkaia, apartado de toda civilización y rodeada de los seres de la naturaleza. Mi hogar es una antigua cuadra de animales en la que convivo con mi compañero de vida, mi llama gemela, y mis dos amores perrunos.

Sin las comodidades habituales de cualquier casa, la energía de la Madre Tierra me compensa por estas carencias. Mi ser trata cada día de enraizarse más y más, para nutrirse de la energía terrena que tanto me hace falta. Y mientras, aprendo a amar esta encarnación y sigo las señales para elevar mi consciencia.